domingo 13 de marzo de 2011

Agradecimientos de mi tesis

Acá es donde irán las gracias que no caben en el impreso. Pero todavía no.

PRONTO, POR SU RCTV ;)

martes 14 de septiembre de 2010

Mi e-informe de pasantías

A lo mejor piensen que me burlo de alguien en estas fotos que me tomó la gran Isabela Redman, pero se equivocan. Justo en este momento estaba al final del ajetreo en mis pasantías por Prensaluz, donde previamente fui becario. 

Así, con la sonrisa grande, me dejaron las experiencias por el piso diez del rectorado de LUZ, y para hacer públicas las vivencias y agradecimientos, les dejaré por acá parte de mi informe de pasantías, separado por capítulos. Espero lo disfruten




Capítulo I: del cuaderno al block de notas



Una vez que uno la asume posición de “pasante”, debe mentalizarse una nueva condición, que algunos vienen desarrollando desde principios de la carrera: la de periodista. Queda terminantemente prohibido presentarse ante una fuente, recepcionista, profesor o autoridad alguna como estudiante. Debe uno adelantarse al apretón de manos, mirar a los ojos a la persona y decir con voz firme y confiada: “Mucho gusto, soy Roberto Torres, periodista de la Universidad del Zulia”.


   El primer cambio es interno. La parte de “periodista de la Universidad del Zulia” ha de pronunciarse con convicción y un profundo sentimiento de pertenencia, idealmente que haya estado forjado desde antes de llegar a la oficina. Quien se acerque a algún ente público o facultad de la Universidad debe tener claro que está representando al órgano comunicacional de LUZ.

Capítulo II: La Universidad desde adentro




La experiencia en las pasantías será, para cada quién, un asunto distinto de acuerdo al medio en el que hayan decidido forjarse. En mi caso, por tratarse de la pauta universitaria, el ejercicio fue beneficioso en tres niveles.

Primero, la escritura semanal de textos complejos y extensos ejercitó tremendamente mi músculo escritor. Segundo, patear las Facultades y dependencias me ayudó a establecer contactos y conocer personas importantes para el funcionamiento de la institución. Cualquier periodista que escriba en el semanario sabe que trabajar allí abulta la agenda telefónica, especialmente bajo la “P” de Profesor.


Capítulo III: Entendiendo el país

Nuestra labor no se desactiva fuera de la Ciudad Universitaria. Al salir del campus y pasar por el lado del Maczul no culmina nuestra obligación con los lectores. La comunidad universitaria -y quienes no lo son, también- desean enterarse de qué está pasando en todo el estado, en la sociedad, con la gente. Sobre todo, cuando alguien de la universidad tiene algo relevante que decir sobre temas de la palestra pública, vale recoger esas ideas en un reportaje.

Por ejemplo, la realidad de cómo el país se alimenta a sí mismo. El tema de la seguridad agroalimentaria ha sido ampliamente discutido en las páginas de LUZ Periódico. Tuve la oportunidad de acercarme al tópico desde varias perspectivas, con fuentes que dominan el tema y tienen propiedad para hablar.

Para hablar sobre Mercal (“La seguridad alimentaria bajo subsidio: el caso Mercal”. Publicado en LUZ Periódico #425), aunque ninguna fuente oficial quiso rendir declaraciones, logré hacerme con mucha información oficial sobre la red de distribución. Aunado a eso, las visiones del Decano de la Facultad de Agronomía, el profesor e ingeniero agrónomo Wérner Gutiérrez, sirvieron de insumo para explorar el alcance de Mercal en la nación.

Capítulo IV: En el piso diez


La nueva Sede Rectoral fue el ambiente de mis pasantías. En el piso 10, para más señas. Entre abril y julio, el ambiente de convivencia fue armonioso. No tengo más que adjetivos positivos para definir la interacción con mis compañeros de labores, superiores, personal administrativo -incluso el pana oficial de seguridad, Johan- durante esos días.

César Pérez, mi tutor de pasantías, siempre estuvo allí para consultas sobre cualquier tema, especialmente en cuanto a gramática y sintaxis. Es una enciclopedia andante y lo sabe todo sobre la historia de LUZ. Johandry Hernández, periodista del sitio Web, fue un gran apoyo, gracias a su don de escucha e ideas sobre cómo abordar los temas. De igual forma, todo el personal del portal de LUZ fue de gran ayuda para hacer los reportajes más idóneos para el entorno Web.

miércoles 1 de septiembre de 2010

Piratas 2.0 y sus banderas digitales



El imponente buque del pirata europeo John Taylor surca las aguas del océano Índico a mediados del siglo XVII. Sobre su mástil, se yergue una bandera negra con un sonriente cráneo y dos tibias cruzadas en forma de equis. Desde otros navíos, quien viera acercarse una embarcación con este símbolo -conocido como un Jolly Roger- pondría en alerta total a la tripulación, porque significaba que los forajidos del mar vendrían, sin piedad, a llevarse el botín.

Siglos después, los piratas navegan libremente en formato digital. La Web ha permitido que cientos de pequeños buques se hagan con mercancía bajo la máscara de los píxeles y el código binario. Por ejemplo, los ataques a las páginas de tiendas digitales como Amazon y GuitarCenter. Es un secreto a voces que, acá mismo en el Zulia, pandillas cibernéticas consiguen los números de tarjetas de crédito de incautos usuarios y, a sus anchas, compran equipos electrónicos, ropa y hasta juguetes sexuales.

A esto le llaman bajar. Quien logre que una página le baje artículos usando estos códigos de tarjetas de crédito, los envía a casilleros registrados en el extranjero bajo nombres falsos, y luego hace que se los envíen a Venezuela. Gracias a fechorías realizadas desde algún cyber café, chicuelos de 17 años van por ahí regalando preservativos porque en la última descarga se hicieron con tantos que ya no saben ni qué hacer con ellos.

Con el sitio web de Save Darfur, los cyber piratas hicieron fiesta. Se trata de una coalición de unas 180 organizaciones benéficas que lucha contra el genocidio en la región africana. En su tienda online -evidentemente plagada de fallas de seguridad- venden pulseras, sudaderas y gorras para recabar fondos y crear conciencia. Misteriosamente, decenas de estos artículos terminaron vendiéndose en las mesas de buhoneros en nuestros mercados populares.

Otros buscan reconocimiento en vez de mercancía robada. Toman por asalto portales web para estampar su firma en los sitios que intervienen, a modo de marcar su territorio. Portales oficiales como el del Cicpc y la antigua Onidex han sido víctimas de los piratas y, a mediados del 2010, un tipo que se hizo llamar J4IB3R, tumbó la página de la Universidad Rafael Urdaneta, alegando que había ejecutado una operación de limpieza total a los bancos de información de la URU. Al día siguiente, todo estaba normal.

Sin embargo, el anonimato ya no luce atractivo para algunos rebeldes. En Suecia, un grupo distinto de piratas se ha conformado, desde 2006, en un partido político con todas las de la ley: el PiratPartiet (Partido Pirata), una coalición de individuos interesados en el libre intercambio de contenidos digitales y, como ellos mismos exponen en su declaración de principios, (clic para leer en inglés) buscan “un cambio en la legislación global para ayudar a la emergente sociedad de la información".

En las elecciones del parlamento europeo en junio de 2009, el PiratPartiet obtuvo la cifra nada desdeñable de 200.000 votos, lo que les aseguró uno de los 18 escaños a los que Suecia tiene derecho. La organización logró el 19% de los votos entre los votantes menores de 30 años y cuenta unos 50.000 miembros entre sus filas y varias iniciativas de Partidos Pirata alrededor del mundo. No estamos hablando de treinta muchachos haciendo bulla en una plaza.

Se dice que sólo quieren seguir descargando libremente películas y discos sin tener que pagar por ello -los líderes del partido son fundadores del gigante de descargas por torrente The Pirate Bay- pero más allá del parche, el garfio y el buque corsario, hay una sólida propuesta ideológica sobre la privacidad, la libertad de conocimiento, y la pertinencia del uso de las patentes en nuestros tiempos.

Acertadamente, en la bandera pirata del partido sueco, la calavera es reemplazada por un cassette, como símbolo de que, hoy, el verdadero botín está en la información.