domingo 28 de octubre de 2007

Como Plutón: pequeño y frío

Trabajo número tres de mi obsesión residente: taller de redacción. No se asqueen, todavía estoy saliendo de mi karma adolescente y no paso mucho tiempo en mi cuarto últimamente.

Tenemos un par de hitos en el blog! Con este post se rompe la maldición del 4. Por si no lo habían notado, en los tres meses anteriores sólo hacía cuatro posts. Siempre. No era a propósito, sólo una mera casualidad. Y el otro hito es que ¡ya pasamos las 1000 visitas! Espero que vengan muchas más y que no sean todas mías chequeando los comentarios.

Mañana es súper lunes, así que me voy temprano y llego tarde, pero quizás revise el blog en algún punto del mediodía. Saludos y abrazos a tod@s!
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La puerta de mi cuarto se abre hasta la mitad, porque rápidamente choca con el inmenso armatoste de mi clóset. Paso con cuidado de no golpearme con el pomo ni tumbar la guitarra, como ha pasado cientos de veces y dejo caer el bolso en la alfombra, que tiene boronas de la cena del martes pasado.

Cada vez que llego a la casa después de varias horas en la universidad veo mi cuarto con nuevos ojos. Ahora me doy cuenta de que mi cama ya no abarca mi altura, y que no he cambiado la sábana en un par de semanas.

El clóset parece una nación en anarquía, ya que nada está donde debe estar: Los libros están tapados por ropa, y en un par de gavetas hay cuadernos viejos y peroles de todo tipo que no hallaba donde poner. En verdad sólo uso un tercio del área donde va la ropa guindada, ya que las otras dos partes la ocupa un cementerio de jeans y otras prendas que ya no me quedan, pero que espero volver a usar algún día.

En el estante contiguo tengo un cerro de revistas, otros libros y mi colección de CDs variados, con especial atención al rock y cualquier disco de Huáscar Barradas. Bajo la cama, una caja de zapatos con mis trabajos de Taller de Redacción, papeles importantes y recuerdos de exnovias. Mis dos guitarras y mi cuatro están apoyados a la cama, de forma que para acostarme siempre debo mover algo.

Mi televisor está siempre encendido, usualmente en un canal de videos musicales o de series en inglés, y el aire acondicionado está al máximo todo el tiempo, ahuyentando (no deliberadamente) a cualquiera que abre la puerta.
PD: Ya aspiré las boronas y cambié la sábana así que dejen el asco. ; )
PD2: ¿Alguien va pa'l amanecer de Rapsoda?
PD3: ¡Van Los Paranoias!

jueves 25 de octubre de 2007

El Pepito

Saludos a todos mis panas bloggeros! Disculpen la ausencia, no he estado mucho en la casa. Gracias por los comentarios, tengo muchos por responder, se los debo. ¿No se han puesto a pensar en que el pepito es más o menos el mismo desde hace unos cuantos años? En esencia sigue siendo un invitado a todas las fiestas venezolanas, y creo que se merece un homenaje.
He aquí otro producto de Taller II. Espero que lo disfruten.

PD. Me indigna que nadie haya subido una foto del pepito. No hay ni una en Google Imágenes. Aquí les va, pues:

Poco a poco, oyes cómo el plástico que sella la bolsa multicolor se despega. Un aroma fuerte a queso procesado llega a tu nariz, y un amarillo que se ve muy poco natural te deslumbra desde dentro del empaque. Tu mano sostiene el envoltorio plástico tan liso como una pizarra acrílica, y te dispones a completar la experiencia sensorial al llevarte el primer pepito a la boca; sientes cómo su textura crocante se va desvaneciendo y se transforma en una suerte de pegoste delicioso que se adhiere a los dientes y muelas, de donde la lengua luego lo retira.


El pepito es un palito de maíz inflado de color amarillo sol, con sabor a queso artificial. Tiene la propiedad de cubrir las manos, cara y ropa de la persona que lo consuma con una capa mantecosa de boronas, la cual hace casi imposible no chuparse los dedos después.



Para los más jóvenes, el pepito es una especie de chuchería recompensa. Si salíamos bien en la escuela, si nos portábamos bien, o si nos caíamos o nos enfermábamos, ver al muchachito dientón con franela azul del empaque siempre nos animaba. Incluso más cuando incluía un tazo u otro juguetico extraño con imágenes de las comiquitas de moda. El pepito no ha cambiado su esencia en los últimos diez años, y espero que sigamos quitándonos el pegoste de las muelas por muchos años más.

jueves 11 de octubre de 2007

Primer producto de Taller II

Bueno... arrancó la Universidad otra vez para este servidor, y, para mi placer, las clases de taller de redacción con la Prof. Margarita. Muy a mi pesar, me perdí la primera clase, pero el martes fui con todos los hierros a realizar la práctica cero, que consistió en describir algún objeto, momento, escena, situación. Decidí irme por mi guitarra, la que ven reposando en el sofá ahí al ladito. Espero que les guste y que me ofrezcan sus impresiones. Un abrazo y gracias por venir.

Mi guitarra

Desde diciembre de 2006, una morena de un metro de altura adorna mi cuarto, tanto visual como auditivamente. Mi guitarra acústica, modelo Yamaha C-40, es extensión de mi cuerpo, y casi otro miembro de mi familia. Usualmente está justo al lado de mi cama, con sus cuerdas tensadas casi burlándose de la larga lista que todavía no domino.

El tono madera claro de la tapa frontal hace contraste con el café fuerte de la tapa posterior y del contorno. Una fina capa de esmalte transparente, ayudada por un buen cuidado, hace que brille como la primera vez que la saqué del estuche. Alrededor de la abertura circular, un diseño tribal en negro y rojo representa bien la variada calidad tonal de mi instrumento favorito.

Lo primero que toqué en ella fue un suave rasgueo que me demostró lo intenso y cálido de sus tonalidades agudas y medias. Luego comprobé lo rockera que podía ser mi nueva adquisición al tocar los compases fuertes de “Escaleras al Cielo”. La vibración de los bajos me hizo sentir que había encontrado un instrumento que se amoldaba perfectamente a mi estilo de tocar.

Hace algunos meses, la perfección de su mástil de rosal fue mancillada por la puerta de mi clóset en un triste espectáculo que, para mí, fue en cámara lenta. Me desperté de golpe cuando mi mamá prendió la luz de mi cuarto, y en el desconcierto después del sueño, manoteé inconscientemente, empujando a la niña de mis ojos contra el armatoste de mi clóset. El destello de su brilloso cuerpo me confundió mientras se acercaba al bloque inmenso de madera. Mi, La, Re, Sol, Si y Mi se quejaron estrepitosamente al impacto, causando que me despabilara y me levantara apurado a chequear el estado de mi otrora obra perfecta.

Ahora, un magullón de dos centímetros de alto adorna el clavijero de mi posesión más preciada, pero no hace que aprecie menos a mi compañera eterna con curvas de mujer.
XXX

lunes 8 de octubre de 2007

Espanto en pasillo de LUZ


Esta foto, tomada en abril de 2007, es la única prueba fotográfica de que Fátima existe. Como toda institución con varios años de fundada, en la Facultad de Humanidades y Educación tenemos nuestro espanto residente.

He oído versiones que dicen que era una estudiante, una bedel y hasta una profesora, pero en esta foto, el alma de Fátima parece ser sólo una viejita que, con asuntos pendientes en esta tierra, ronda el pasillo principal del último piso del bloque C.

Sean jueces de esta foto, que tomé para molestar a mi amiga Isabel con el flash y... miren lo que resultó. La tenía olvidada, ni recordaba haberla subido cuando, misteriosamente, apareció en la carpeta de Mis Documentos. Le pregunté a mi familia si sabía algo, pero ninguno había abierto la imagen recientemente. Mamá pegó un brinco cuando se la mostré, y ahora decido mostrársela a toda la blogósfera y, especialmente, a quienes veremos clases nocturnas en ese lado de la uni.

Ya se me pararon los pelos... La subí con mucha resolución para que observen y comenten, ¿¿qué opinan??

viernes 5 de octubre de 2007

Los Amigos Invisibles dejan su funk en Maracaibo


En el Aula Magna de la URU se vivió una noche intensa como pocas. Los Amigos Invisibles cerraron el ciclo de conciertos de su disco Super Pop Venezuela en Maracaibo, y aprovecharon para hacerlo a lo grande, acompañados de Diveana, el infame Colina, Evio di Marzo, Nelson Arrieta, Pablo y Wincho de Sentimiento Muerto y Jorge Spiteri.

Kariné Amaya y Ozias Acosta fueron los animadores. Los teloneros fueron Caibo, un dúo de fusión-latina-pop-rock que me emocionó tanto como una cadena de Caldera. Su última canción estuvo pegajosita, pero hasta ahí.

A eso de las diez (no recuerdo por la emoción) salieron mis panas que no se ven. Comienza la verdadera velada para mí. Arrancaron con “Qué Rico”, del disco Arepa 3000, con un sonido impresionante. Quedé gratamente sorprendido con la exquisita calidad del grupo como instrumentistas. José Luís Pardo, el guitarrista estuvo perfecto en cada nota y cada solo. Llegué a la casa y le hice un altar. Siguieron con “Sexy” y la gente seguía sentada, pero con mucho entusiasmo.

Al oírse el redoble de “En Cuatro” se formó la parranda, todos de pie y coreando durísimo uno de los más grandes éxitos del sexteto. Julio Briceño, el cantante, le da la bienvenida a Vladimir y José, la sección de vientos de Fauna, para arrancar con “All Day Today”, primera canción de la noche proveniente de su último disco.

La puesta en escena de los neoyorquinos reencaucha’os da cuenta de su larga trayectoria en más de 60 países. El baterista tiene una resistencia suprema y un sentido del tiempo que lo hace ancla del ritmo de los Amigos. Maurimixx en la percusión menor se depravó con los solos en “No es fácil amar”. El catire del bajo mostró que toca lo que se le pase por el frente, haciendo líneas de funk, de salsa, música venezolana y mucho más.


Unas cuantas canciones más y empiezan a llegar los invitados a la fiesta musical, comenzando con Evio DiMarzo, de Adrenalina Caribe, que cantó “No es fácil amar”. Julio se quitó las medias y una especie de venda que tenía en el tobillo, y llegó Diveana, que después de tantos años sigue buenísima, a cantar “Yo no sé”.

Y después vino Colina. No es con ánimos de ofender, pero el tipo se ve muy extraño. Y el gran aplauso-ovación que recibió tenía un dejo agridulce de respeto y de risa. Tiene unos manierismos que te recuerdan a un Prince más gay. Como una especie de Miss Venezuela enana, catira y con lumbago, no sé… fue algo extraño. Sin embargo, gozamos mucho con “Si tú te vas”, muy buena canción.

La llegada de Pablo Dagnino y Wincho fue ovacionada mollejúamente, porque, debido a la media de edad, más gente los conocía a ellos que a Spiteri. Se lanzaron Agradable Calor en funkcito amigosinvisiblesero, que les quedó muy bien.

Cuando escuché las primeras notas de “San Agustín”, de Vytas Brenner, se me fue la sangre de la cabeza, pelé los ojos, y me preparé para una de las canciones instrumentales que más me mueve el piso. Con esos cinco minutos quedó saldado el valor de las entradas para mí.

El primer cierre fue algo mágico, todos los músicos cantaron “Esto es lo que hay”, dejando un sabroso recuerdo para todos los que estuvimos presentes. Sin embargo, quedamos con ganas de más; creo que todos podríamos haber escuchado unas cuatro horas más. Justo cuando salió la cuarta parte del público, cinco minutos de “otra, otra, otra” hicieron salir a los panas, para un merecido homenaje a Aldemaro Romero (Q.E.P.D), con la fusión Onda Nueva-Funk de “Aldemaro en su Camaro”. Finalmente, Cuchi-Cuchi formó la histeria entre los que quedábamos, para cerrar una de las noches más inolvidables de mi vida.

Gracias a mamá por ser mi acompañante estelar, a pesar de estar enfermita, a tio Elvis y tía Yohana por irse con nosotros también, y a seis de los mejores músicos que tenemos como representación de los venezolanos en el mundo entero. Gracias por la música, Amigos, nos veremos pronto.