Nuestra labor no se desactiva fuera de la Ciudad Universitaria. Al salir del campus y pasar por el lado del Maczul no culmina nuestra obligación con los lectores. La comunidad universitaria -y quienes no lo son, también- desean enterarse de qué está pasando en todo el estado, en la sociedad, con la gente. Sobre todo, cuando alguien de la universidad tiene algo relevante que decir sobre temas de la palestra pública, vale recoger esas ideas en un reportaje.
Por ejemplo, la realidad de cómo el país se alimenta a sí mismo. El tema de la seguridad agroalimentaria ha sido ampliamente discutido en las páginas de LUZ Periódico. Tuve la oportunidad de acercarme al tópico desde varias perspectivas, con fuentes que dominan el tema y tienen propiedad para hablar.
Para hablar sobre Mercal (“La seguridad alimentaria bajo subsidio: el caso Mercal”. Publicado en LUZ Periódico #425), aunque ninguna fuente oficial quiso rendir declaraciones, logré hacerme con mucha información oficial sobre la red de distribución. Aunado a eso, las visiones del Decano de la Facultad de Agronomía, el profesor e ingeniero agrónomo Wérner Gutiérrez, sirvieron de insumo para explorar el alcance de Mercal en la nación.
Para encarar el asunto del desabastecimiento, me encargaron hacer una crónica sobre el tema. En este trabajo he tenido la oportunidad de explorar a fondo el género narrativo, mi preferido. En esta pieza (“Crónicas del no hay: escenas del desabastecimiento", publicado en LUZPeriódico #417), realicé trabajos de campo en diferentes mercados y supermercados para observar de cerca cómo la gente se provee de alimentos, o al menos, lo intenta. El resultado: un fresco trabajo que aborda la escasez desde tres perspectivas socioeconómicas: la clase baja, la media y la media alta.
Las opiniones de los productores agropecuarios de Machiques fueron recogidas durante un radio-foro celebrado en el programa Según cómo se mire (“Inseguridad y control de precios restringen producción agropecuaria de Machiques”, publicado en LUZ Periódico #412). En este foro, las crudas verdades de la zona agropecuaria del estado fueron expuestas, y se pudo identificar los problemas de base del sistema alimentario venezolano.
Una de las áreas de investigación que más me apasiona es el urbanismo. Especialmente en Maracaibo, donde incluso los mejores expertos de la Universidad alegan que el juego está trancado, gracias a las hondas deficiencias que se detectan en la planificación urbana de la ciudad. Uno de los síntomas se encuentra en el cierre abrupto de calles y urbanizaciones con portones o brazos de metal (“Por estas calles cerradas: Maracaibo se fragmenta ante la inseguridad”, publicado en LUZ Periódico #416).
El acercarme a este tópico me permitió plasmar en las páginas del semanario la frustración de los investigadores del Instituto de Investigación de la Facultad de Arquitectura al ver cómo la ciudad se va dividiendo cada vez más, así como el alivio que sienten los habitantes al ver su calle resguardada por fríos portones.

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